La maldita puta traidora se cree francamente superior a los demás.
En público se hace la simpática. Con el tiempo se consigue una corte de gusanos que la festejan.
Pero en privado no deja de menospreciar a todo el mundo.
Igual, tampoco en eso es consecuente y acaba traicionando su impostada iracundia.
Cuando le conviene, y si puede, se vale de aquellos que trató de pelotudos para sacar una mínima ventaja.
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